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En aquella fecha, yo era un muchacho veinteañero que también estaba trabajando de empleado administrativo en una empresa constructora multinacional que operaba en aquella zona. (Construcción de la presa-embalse de Bachimaña).
Algunas noches, cuando Alicia estaba libre del servicio de camarera, solíamos ir ella y yo a orillas de un lago colindante con los jardines de aquel balneario. Contemplábamos cómo la luz de la luna se reflejaba en sus aguas cristalinas. Nos dijimos allí muchas cosas.
La nuestra era una amistad muy sana, muy especial. No estaba influenciada por apetencias sexuales. Éramos parecidos a Adán y a Eva cuando residían en el Paraíso Terrenal, antes de que se intoxicasen por haber comido el fruto tóxico de un árbol.
Al finalizar la temporada veraniega en aquel balneario, Alicia marchó para Zaragoza, su ciudad natal. También la empresa constructora multinacional en la que yo trabajaba me destinó a mí a otras obras, muy distantes de Aragón .
Han transcurrido ya muchos años desde aquel tiempo, tan lejano.
Continuó contándome cómo es el bello paisaje que rodea a ese centro veraniego y las excelentes instalaciones que tiene el balneario de Panticosa.
¡¡YO SOY ALICIA!!!, aquella gran amiga tuya que tú has conocido en el Balneario de Panticosa,
¡Qué gran emoción hemos sentido los dos al reencontrarnos nuevamente, muchos años después de nuestra ya muy lejana juventud, aunque fuese a través de una conversación telefónica!.
Nos hemos contado después cómo transcurrieron nuestras vidas desde aquella lejana fecha en la que éramos unos amigos tan "especiales".
Ella me dijo que actualmente está viuda. Que sus hijos ya se han casado y reside muy sola en la ciudad de Zaragoza.
Después de este reencuentro tan emotivo, hemos seguido comunicándonos por teléfono y por WhatsApp.
Nuestras conversaciones continuaron siendo tan afectuosas, sanas y platónicas, igual que aquellas que habíamos mantenido en Panticosa, a orillas de aquel lago de aguas cristalinas.
En un día posterior, yo le conté que había tenido un sueño:
Soñara que nos encontrábamos los dos en Panticosa, a orillas de aquel lago y que nos besamos allí muy afectuosamente.
Ella me propuso convertir ese sueño en realidad y que nos desplacemos los dos nuevamente a ese balneario, para darnos allí el primer beso. Ese beso que tenemos pendiente de realizar desde aquellos lejanos tiempos de nuestra juventud.
Pero..., Alicia y yo somos ya dos ancianos nonagenarios.
Debido a nuestra muy elevada edad, resulta muy difícil que podamos desplazarnos allí actualmente.
Ya estamos en lista de espera preferente para emigrar al misterioso "más allá".
Desconozco cómo funcionan las cosas en ese "más allá" tan misterioso.
Ojalá exista también allí algún lago de aguas cristalinas, en cuya orilla Alicia y yo podamos contarnos muchas cosas, durante toda la eternidad.
AMÉN...
POSTDATA:
La protagonista de este relato no se llama ALICIA.
He cambiado su nombre, para proteger la intimidad de esta gran amiga mía.





























